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Introducción

Mi problema materialista

La serendipituosidad en marcha

Nuevas concepciones teoricas

La ultima oportunidad

Adquirir o Aprender

Comunicando


SERENDIPITUOSIDAD EN LA METODOLOGÍA DEL APRENDIZAJE DE IDIOMAS



Guijarro Morales, José Luis

Universidad de Cádiz. Departamento de Filología Francesa e Inglesa.
Facultad de Filosoía y Letras, c. Bartomé Llompart, s.n., 11003 Cádiz
Tfno:(9)56.015.526 ,Fax: (9)56.220.444.
Correo-e:joseluis.guijarro@uca.es


 


5. La última oportunidad:



                   Se denomina idioma en mi representación del mundo, repito, a la impresión de un determinado tipo de código organizado con arreglo a los principios de la Gramática Universal de la lengua y a ciertas posibilidades más abiertas que existen en la misma y que, en el modelo, se denominan parámetros. La diferencia entre un principio y un parámetro es que el principio funciona de una sola manera, mientras que el parámetro permite elegir entre varias posibilidades de actuación. Muchas de las diferencia fundamentales entre los distintos idiomas vienen marcadas por la elección que hacen en estos parámetros. Cuáles son y qué tipo de posibilidades permiten es uno de los caminos de la investigación lingüística actual.

                   Sin embargo, lo que me interesa ahora es destacar algo que he dicho arriba. Que la Gramática Universal permite que se impriman los idiomas que rodean al recién nacido durante su crecimiento. El proceso de imprimir representaciones es corriente en varios animales (17) . Los patos, por ejemplo, tienen una trama de mamá pata que hace que el ser vivo que esté cerca de ellos a cierta distancia y actúe de determinada manera cuando salen del cascarón, se convierte para ellos automáticamente en su madre (18). Parece que ese dispositivo no lo tienen otras aves. Lo mismo ocurre con nuestra especie: el programa de impresión del idioma materno no existe en los chimpancés ni en ninguna otra especie conocida. Solamente nosotros desarrollamos el idioma con el que se facilita la publicación de nuestras representaciones mentales (o, dicho en román paladino, con el que se facilita la comunicación entre nosotros).

                   Hay algo en la trama de mamá pata que, si lo comparamos con nuestro mecanismo de fijación de idioma produciría la tercera conclusión demoledora. En efecto, los patos que, por lo que sea, pasado un cierto tiempo, no logran fijar la imagen de mamá pata en sus mentes, pierden al crecer la facultad de imprimirla y son propiamente amátridas (¡!) de por vida.

                   No cabe duda de que la impresión de datos en el dispositivo de adquisición lingüística humano está también regulada temporalmente. La evolución nos ha preparado para que sea muy eficiente en los primeros años de nuestra vida. ¿Cómo hacemos entonces para aprender un nuevo idioma?

                   Algo de esta capacidad tiene que seguir funcionando cuando pasa el tiempo programado evolutivamente. Esto es muy claro si tenemos en cuenta dos realidades:

                   La primera es la de los "niños salvajes", Kaspar Hauser, etc., que se han encontrado en entornos en donde la impresión del idioma materno fue imposible. Estos pobres seres no alcanzaron ya nunca una competencia lingüística "normal". Pero parece que algunos aprendieron a hablar de una manera mucho más sofisticada que los chimpancés educados expresamente para tal fin. Si esto es así, indicaría que la mente humana permite este tipo de aprendizaje incluso fuera de tiempo.

                   Hay otra realidad mucho más cercana. Existen innumerables personas que dominan más de un idioma o que, si no lo dominan como el materno, lo hablan con relativa soltura. Por tanto, existe un tipo de funcionamiento mental que permite esta nueva impresión idiomática.

                   La pregunta del millón es, ¿cómo podemos enseñar a imprimir un nuevo idioma en una mente? Necesitamos un modelo mecánico apropiado que nos explique (esto es, que simule) las operaciones causales que se necesitan para este resultado. Los ordenadores tienen memorias de varios tipos. ¿Podrían entonces considerarse verdaderas explicaciones de cómo almacena datos nuestra mente? Es algo que no estoy en disposición de contestar actualmente, pero que apunta a otro posible camino de exploración interesante.

                   Para ello necesitaríamos cotejar distintas teorías del aprendizaje y comprobar cuál de ellas sería más apropiada para lograr una simulación del proceso. Un estudio de mayor profundidad que el presente tendría forzosamente que adentrarse en la gran cantidad de bibliografía que existe sobre el tema antes de proponer un modelo factible. Así, parece que desde el punto de vista neurobilógico la memoria no es algo unitario, sino muy disperso, apareciendo "en la concentración de calcio libre en las dentritas, y el cuerpo celular de las neuronas; en las terminales presinápticas (...); en la densidad y configuración de proteínas específicas en las terminales postsinápticas" (Cfr., Koch, 1997) y otros lugares posibles. Desde el punto de vista cognitivo, existe la discusión entre los que creen que hay varios sistemas de memoria (Cfr., por ejemplo, Squire, 1992) y los que prefieren hablar de una sola memoria con distintos modos de operar (Cfr., por ejemplo, Roediger, 1990a y 6b), aunque parece que el enfoque que postula varios sistemas es el que actualmente se está imponiendo. Sea como fuere, la memoria fenomenológica que nosotros experimentamos como un almacén en donde guardamos recuerdos no es algo unitario sino una estructura muy compleja de la que todavía no se comprende todo el funcionamiento (Cfr., Ruiz Vargas, 1994).


17.-Algunas traducciones españolas de este término en inglés, imprinting, lo traducen por impronta, en vez de impresión. Es posible que sea mejor utilizar el neologismo exclusivamente para este proceso, evitando así adherencias semánticas no deseadas.

18.- Cfr., Konrad Lorenz, 1935:124-144



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